miércoles, 28 de agosto de 2013

Curso de Formación Permanente -Septiembre 2013-



Siendo uno de los objetivos primordiales de Nuestra Federación la formación para ayudarnos a crecer y a maduraren nuestra hermoso carisma Franciscana-Clareana y de esta forma responder a nuestra altísima vocación  y elección a la cual nos llamó el Señor, nuestra Federación Inmaculada Concepción de monjas Clarisas del Perú, tendrá en el mes de septiembre próximo, del 9 al 20 de dicho mes Nuestro Curso de Formación Permanente concerniente al año 2013. Pidamos al Señor para que las hermanas que participen en él puedan sacar el mayor provecho para la vivencia gozosa de la fraternidad, bien de la orden, la Iglesia y todos nuestros hermanos que esperan de nuestra entrega generosa la Señor para ser puente de gracia y misericordia entre Dios y los hombres.

FEDERACIÓN “INMACULADA CONCEPCIÓN” – MONJAS CLARISAS
SEMANAS DE FORMACIÓN PERMANENTE
DEL 09 - 20 SEPTIEMBRE 2013
Hora
Lunes 09
Martes 10
Miércoles 11
Jueves 12
Viernes 13
Sábado 14
9 – 10:30
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
11 – 12:00
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario
Fr. Mario

Tarde





3 – 4:30
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Darío

5 – 6:00
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Mauro
 Fr. Darío


Hora
Lunes 16
Martes 17
Miércoles 18
Jueves 19
Viernes 20

9 – 10:30
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly

11 – 12:00
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly
Hna. Ma. Nelly


Tarde





3 – 4:30
P. Guido
 P. Darío

 P. Guido
P. Guido
 P. Darío


5 – 6:00
 P. Guido
 P. Darío
 P. Guido

P. Guido
 P. Darío



Nota: Domingo 15 paseo grupal.

Lugar: Casa de Retiros “San Francisco Solano” – Rímac.
Participantes: Federación “Inmaculada Concepción” de las Monjas Clarisas y Clarisas Capuchinas (Promedio: 50 religiosas)
PROFESORES:
Fr. Mario González OFM             : La fe como experiencia alegre y, en algunos momentos, dolorosa, en nuestros padres Francisco y Clara.
                       
Hna. María Nelly Vásquez Pérez : La Palabra de Dios, sustento de la fe en la consagrada y su vital necesidad para el crecimiento en la fidelidad evangélica.
Fr. Mauro Vallejo OFM               : La experiencia de la fe en las diversas etapas formativas de una Clarisa.                                           
   La escasez y la perseverancia de las vocaciones.

Fr. Guido Zegarra Ponce OFM     : La experiencia de fe en Francisco y Clara (énfasis: vocación contemplación clariana).
                  
Fr. Darío Mazurek OFMConv     : Vivencia profunda de la fe para renovar de forma gozosa nuestra consagración. Aspectos que contribuyan a ello.


Cada curso tendrá la distribución diaria siguiente:
-          Exposición del tema.
-          Trabajo de grupos o confrontación personal (a partir de textos o preguntas).
-          Socialización (plenarios u otros). Riqueza del compartir desde las propias vivencias.
-          Conclusiones.


                                          Fr. Mauro Vallejo OFM                                                
Asistente Espiritual de la Federación.   

Hna. María Ginelda de la Inmaculada
                                                  M. Presidenta.                                                                                                                       














martes, 26 de febrero de 2013








USG: ¡GRACIAS, SANTO PADRE!

Carta de agradecimiento del  Ministrio General, Fray José Rodriguez carballo al Papa Benedicto XVI

Beatísimo Padre, hace unos pocos días, en la Homilía dirigida a todos nosotros los Consagrados, en el día de la Presentación del Señor en el templo, usted nos exhortaba a una fe que sepa reconocer la sabiduría de la debilidad. Usted nos confortaba, de hecho, afirmando que “cuando la dureza y el peso de la cruz se hacen notar, no dudéis de que la kenosi de Cristo es ya victoria pascual”. Unos días más tarde, la fuerza de autoridad de estas palabras Suyas se convierte para nosotros en el icono en el que podemos admirar el gesto de amor con el que usted, dejando el Pontificado, tiene la intención de dedicarse de lleno a una vida consagrada a la oración por el bien de la santa madre Iglesia. Sí, sólo en su kénosi, Padre Santo, contemplamos ¡la victoria pascual de Cristo! Precisamente en Su rostro, vislumbramos la luz gloriosa de Aquel que, ¡muriendo en la cruz, nos ha inundado de esplendor!

En este grave momento, para usted y para nosotros, cuanto quisiéramos que se sintiera cercano a todos los Consagrados, que yo tengo el honor de representar y que, de alguna manera, le porto delante de sus ojos. Siéntanos cerca de usted, ¡nuestro querido Santo Padre! Advierta el unísono de nuestro corazón de hijos que con devoción le trasmiten su amor y un ¡profundo agradecimiento! Sí, lo queremos mucho, y deseamos decirle que nuestro afecto filial lo acompañe día tras día en Su futuro servicio de oración a beneficio de todos.

Nosotros los Consagrados, en este momento, queremos transmitirle, como en una palabra que resuma, la abundancia de nuestro agradecimiento: ¡Gracias, Santo Padre!

Gracias por querer terminar Su pontificado con un gesto profético y valeroso, fruto de oración, de gran lucidez, de profunda humildad y de Su amor por la Iglesia.

Gracias también por Su amor por la Iglesia, por la parresia evangélica con la que ha trazado el camino de purificación, hasta pedir perdón por el pecado de sus miembros.

Gracias por Su mirada cuidadosa a la complejidad del mundo, a sus debilidades, a los atractivos vacíos de lo que es penúltimo, a los lazos seductores del consumismo y, más aún, al peligro del relativismo: Sus Encíclicas y los numerosos discurso, puntuales y clarificadores, siempre nos han indicado con nitidez y determinación el camino de Cristo. Además, nos han nutrido en la común aspiración, inscrita en el corazón de cada uno, el anhelo de buscar a Dios. Sí, gracias por habernos confirmado en la fe con un Magisterio sobremanera rico de sabiduría y de firmeza evangélica. Gracias por el don de Su palabra sencilla y al mismo tiempo tan profunda. Gracias, una vez más, por el bello regalo del Año de la Fe.

Gracias, sobre todo, por Su amor a la Vida Consagrada y por haberlo manifestado en numerosas ocasiones. Por habernos sacudido varias veces, llevándonos a hacer memoria incesante del “primer amor” con el cual el Señor nos ha encontrado y hecho suyos. Por habernos recordado el primado de “estar con el Señor” para poderlo anunciar después y trabajar para Él. Por indicarnos la urgencia de la misión y de la Nueva Evangelización, cooperando, a través de la multiforme manifestación de nuestros carismas, la identidad misma de la Iglesia, su tarea principal, el de anunciar el Evangelio.    Por reconducirnos al espíritu de peregrinación, que nos da la fuerza de sacrificarlo todo por amor de Dios y de los hermanos. Por habernos dicho que nuestra alegría debe pasar necesariamente a través de la Cruz de Cristo. ¡Cuánta riqueza de enseñanzas! Haremos tesoro de su alto Magisterio, a través del estudio y la reflexión orante de sus escritos. Sí, Santo Padre, ¡Usted verdaderamente ha amado la Vida Consagrada! Este amor lo hemos percibido, así como advertimos en nosotros su eficacia propositiva y estimulante.

Al inicio de Su pontificado, nos dijo de considerarse un simple y humilde trabajador en la viña del Señor. Si la humildad es la medida de la grandeza de una persona, la confesión pública hecha el 11 de febrero confirma la verdad de aquellas palabras y, conjuntamente, Su grandeza. Gracias por habernos enseñado, de la cátedra de la vida, que la autoridad en la Iglesia es servicio.

De todos nosotros Consagrados: ¡Gracias, Santo Padre!

Permítanme, por último, añadir una palabra especial de gratitud que viene de mi condición de Ministro general y siervo de toda la Fraternidad de los Menores. Advierto el deber de darle las gracias por Su sublime magisterio franciscano, que llegó a manos llenas a nuestra reflexión y en el compromiso de ponerlo en práctica en nuestras vidas. Su amor por san Francisco y por la espiritualidad franciscana es de todos conocido: además de las numerosas referencias concernientes a nuestra forma de vida, brillan sus catequesis sobre san Francisco, santa Clara, san Antonio, san Buenaventura, el beato Juan Duns Escoto y otros autores de la Escuela franciscana. De esta manera, no sólo nos ha revelado su profundo conocimiento del carisma y de las piedras angulares de la espiritualidad franciscana, sino que también ha dado una interpretación cuanto más profunda para nuestro tiempo, cuanto numerosas fueron Sus instrucciones a conjugarlas con la complejidad del mundo actual. Su mismo peregrinar por la tierra de san Francisco, así como Su memorable visita a Tierra Santa, “la perla de las misiones franciscanas”, con la unción de Sus preciosas palabras cargadas de entusiasmo y ánimo, han sido una patente demostración de su grande amor por el Santo de Asís y por todos sus hijos hoy en día. Y como hace muchos años, al igual que el Poverello se comprometía a ser “súbdito y sujeto a los pies” de la santa madre Iglesia y del señor Papa, también yo hoy Le renuevo con devoción la promesa de obediencia y reverencia, vislumbrando en Su rostro la belleza de la Iglesia, Esposa de Cristo.

 

Roma, 13 de febrero de 2013, miércoles de Ceniza.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Ministro general, OFM

Presidente USG

 Artículo tomado de www.ofm.org

domingo, 24 de mayo de 2009

MonasterioSanta Clara Tarma

Paz y bien, un dia de retiro con jovenes.

Monasterio Santa Clara -Tarma

Nuevas fotos,algunos dias en lima por trámites, anecdotas, fraternidad

El Monasterio Santa Clara - Tarma

Paz y bien, aqui desde tarma alguans fotos antes de lso acabados del moansterio


jueves, 7 de mayo de 2009

Un encuentro fraterno muy hermoso...


...cómo no dar gracias a Dios por los momentos vividos con todas las hermanas que participaron en el Encuentro de Hermanas Profesas solemnes en Moche. Realmente nuestra vocación franciscana-clariana es bella; bella la simplicidad de nuestro carisma,bella la alegría que brota de un corazón que sabe reír como niño a carcajada "limpia"ante las ocurrencias, ingenuidades, circunstancias que vivimos juntas y en los que profundizamos en temas tan importantes para nuestra vida, vocación y misión dentro del mundo y de la Iglesia. Uno se queda con las ganas de decirle a todo el mundo que el secreto de la alegría, de la paz, de la serenidad...que tanta falta hace al corazón del hombre, se haya en una Persona, que dejando su grandeza ha venido a hacerse UNO de nosotros, que nos ha enseñado con su vida pobre, humilde, trabajadora, sencilla a disfrutar de la belleza de la vida. De ella, de esta Persona, se enamoró Francisco y Clara de Asís..siguiendo sus huellas, hallaron la felicidad, decubrieron lo bueno, lo noble, lo hermoso,lo bello, lo limpio; aprendiero a disfrutar de todo sin adueñarse de nada, como DON de Dios.

Días han sido estos de gracia que hemos de saber aprovreechar y fructificar...un don que se nos ofrece sólo crece si lo sabemos dar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Elecciones en el Monasterio Santa Clara de Trujillo


Paz y bien, despues de una semana intensa de oracion de gratitud por este trienio que ha terminado y de peticion por el nuevo; el dia de ayer 15 de Diciembre en presencia de nuestro Obispo Hector Miguel Cabrejos Vidarte OFM y de los padres Miguel LLompart y Jose Ignacio Gomez (ambos de la TOR) se eligió a las hermanas que estaran al frente de las hermanas, ellas son:

Hermana Maria Ginelda de la Inmaculada osc (Abadesa)

Hermana Maria Blanca de Jesús osc (Vicaria -1º Discreta)

Hermana Johanna de Jesús osc (2º Discreta)

Hermana Delia Margarita osc (3º Discreta)

Hermana María del Pilar de San José osc (4º Discreta)

Nos unimos a las intenciones de cada una y pedimos al Buen Dios nos conceda colaborar con agrado con ellas y asi ser parala Iglesia la Orden y la ciudad en la que vivimos colaboradores y sostenedoras del Cuerpo Mistico de Crsito.

El Señor nos bendiga


martes, 18 de noviembre de 2008

Varios Articulos publicados en la Revista Federal


Entrevisa a Fray José Carballo, Ministro General de la Orden.Fuente: Revista Arantzazú


El Hermano José Carballo es el Ministro General de la Orden Franciscana de los Her­manos Menores. Es natural de Galicia. En este número puede verse la crónica de esta visita. Nosotros hemos querido preguntarle sobre su experiencia franciscana, sobre su visión de la Orden hoy en el mundo, sobre los acentos franciscanos para nuestra oferta a la sociedad.

Desde el Espiritu de Asís: Cronica de un viaje.

Crónicas de un viaje:
Día 24: Las sorpresas de un viaje.
Día 25 : el reloj marcaba ya las 9:30 pm, después de recoger el equipaje, que tardo mucho, fui de las ultimas en llegar.Simbólica fue también nuestra llegada, haciendo con ello eco a la profecía: “Escuchad hermanas, venidas de todas partes…”. Nuestra primera presentación contó con la acogida de las hermanas que nos esperaban y de las dueñas de casa al darnos las llaves y señalarnos nuestra estancia.

Editorial de laRevista federal

Q ueridas hermanas:Nuevamente la Revista Federal llega a nuestras monasterios y quiero desde esta página saludar y agradecer a cuantos han colaborado para hacer posible esta edición.Nuestra participación es la manifestación que queremos seguir caminando juntas, en esta tarea de promover y fomentar cada vez mas el sentido de familia. “Sean... solícitas siempre en guardar unas con otras la unidad del amor reciproco, que es vínculo de perfección” (Rcl 10,7)La unidad de los miembros es tan fuerte en el cuerpo de Cristo, que si uno de ellos es santo, su santidad repercute en todo los restantes miembros; si decae, todos los miembros sufren por ello.Esta es, hermanas, nuestra riqueza y nuestra pobreza, pero unidas podemos dejar pasar como una corriente mas rica de vida, de amor y paz en el Pueblo de Dios, entonces ofreceremos al mundo nuestro testimonio haciendoles ver, que solamente somos obreras que sabemos que lo recibimos todo de Dios y que toda nuestra existencia esta comprometida en el servicio a la Iglesia.Las páginas que siguen intentan presentar nuestra forma de vida en ese “caminar evangélico” dentro de esa peculiaridad especial, que las mismas regiones y zonas nos brindan y en las que queremos ser fieles a los “Dos buscadores del Absoluto”, que nos marcaron la senda.PD.- Dejo en sus manos la oración por la Federación como fruto del sentir de los Monasterios que aportaron para su formulación.Que el orar por nuestra Federación, sea la cuota que cada día entregamos al Señor y el dirigirnos a nuestra Madre la Virgen Inmaculada nos anime los mismos sentimientos que tuvieron nuestros Padres Francisco y Clara hacia Aquella que nos dio tal Salvador.Bendiciones en el Señor.

domingo, 14 de septiembre de 2008

San Francisco de Asís: Crucificado con Cristo: los estigmas

Subida al monte de la Verna
(Julio-agosto, 1224). Si Francisco visitó el eremitorio de la Verna antes de 1224, de ello no hay memoria alguna. Es más, a juzgar por lo que cuentan los biógrafos, se diría que sólo estuvo allí ese año. Se dice, en efecto, que Francisco salió de Asís con algunos compañeros y tomó el camino que sube por el valle superior del Tíber. Después de pasar una mala noche en el eremitorio de Montecasale, sus compañeros contrataron a un campesino de la villa de Tiso, para que los acompañara con su jumento hasta La Verna. "Eres tú Francisco, de quien todos hablan", le preguntó el buen hombre, nada más verlo. "Sí, soy yo", le respondió él. "Pues procura ser tan bueno como la gente cree que eres, y no la defraudes", sentenció el labriego, lo que hizo que el santo se apeara enseguida del burro y le besara los pies.
Era casi a mediados de agosto. En la subida, el calor se hacía insoportable y el campesino, muerto de sed, pedía a gritos un poco de agua. "Vete allí y la encontrarás -le dijo Francisco- El Señor la ha hecho brotar para ti". Así fue; y añaden los cronistas que en aquella ladera nunca hubo manantial alguno.
Cerca ya del eremitorio, el grupo se detuvo a descansar bajo una encina y, mientras el santo contemplaba el lugar, se vió rodeado de una multitud de pájaros de toda especie, que manifestaban su alegría con sus trinos y el batir de alas. Alguno incluso se posó sobre él, lo que hizo exclamar: "Me parece que el Señor le agrada que vengamos a este monte". Reemprendida la marcha, enseguida llegaron a un repecho cercano a la cima, donde vivían no más de dos o tres compañeros, en un pequeño eremitorio rodeado de bosques, al borde de una enorme grieta en las peñas, desde donde se divisaba un espectacular panorama.
El conde Orlando, apenas supo de la llegada del santo subió a saludarlo y, a petición suya, ordenó a sus hombres que le hicieran una choza o celda al pie de un haya grande, al borde del precipicio y como a un tiro de piedra del oratorio. Al despedirse, esa misma tarde, el conde se ofreció a los hermanos para lo que necesitaran, de modo que pudieran dedicarse enteramente a la oración, libres de preocupaciones, pero Francisco después, a solas, aconsejó a los suyos que no tuviesen muy en cuenta su generoso ofrecimiento, alegando que "hay un contrato entre el mundo y los frailes menores: vosotros le debéis buen ejemplo y él, a cambio, os debe el sustento; mas si un día faltaseis al compromiso, el mundo, con razón, os volverá la espalda". Y añadió: "Tengo intención de quedarme aquí, sólo con Dios y llorando mis pecados. No permitáis que se me acerque ningún seglar. Responded vosotros por mí. Fray León me traerá algo de comer, cuando lo crea conveniente".
Cuaresma en honor de San Miguel
<(15 agosto - 29 septiembre, 1224). Al cabo de unos días Francisco, queriendo conocer lo que el Señor quería de él, tomó, como de costumbre, los evangelios, oró y lo abrió por tres veces. En las tres ocasiones el texto hablaba del anuncio de la pasión de Jesús, como dándole a entender que tenía que seguir soportando angustias, combates y tribulaciones, mas no por eso se acobardó, pues jamás regateó sufrimiento o sacrificio alguno, con tal que la voluntad de Dios se cumpliera en él. Su sabiduría y mayor aspiración fueron siempre esas.
Atraído por los signos que el Señor le iba manifestando, Francisco decidió prolongar su estancia allí durante toda una cuaresma de ayuno, entre las fiestas de la Asunción de la Virgen (15 de agosto) y del Arcángel San Miguel (29 de septiembre), de quienes era especialmente devoto. Según su costumbre, buscó el lugar más apartado que pudo, donde no pudiera ser visto ni oído por sus propios compañeros. Lo encontró al otro lado del precipicio, a donde se podía acceder sólo mediante un tronco atravesado a modo de puente. Entonces pidió a los hermanos que le prepararan una celda, y les dio estas instrucciones: "Ninguno de vosotros debe de acercarse aquí, ni ningún seglar. Sólo tú, fray León, vendrás una vez, durante el día, a traerme agua y un poco de pan, y otra vez por la noche, para rezar maitines. Te acercarás a la pasarela y dirás: Señor, ábreme los labios. Y si no te respondo, márchate enseguida". Tales precauciones eran debidas a que no le gustaba que lo sorprendieran en uno de sus frecuentes éxtasis.
Apenas se quedó solo, temiendo que aquel retiro fuese sólo un pretexto para descansar y huir de las fatigas de la predicación, pidió al Señor otra señal de que aquello era voluntad suya. A la mañana siguiente, mientras rezaba, creyó ver la respuesta en los pájaros de toda especie que, uno por uno, sobrevolaban la celda, alegrándolo con sus trinos. Entre ellos había un halcón, que tenía su nido junto a su choza, y cada noche lo despertaba a la hora de maitines, excepto cuando no se encontraba bien; entonces lo dejaba dormir hasta el amanecer.
Mas no todo fueron consuelos en aquel monte. El santo confesó al compañero que el demonio lo molestaba mucho por la noche, por eso ayunaba con mayor rigor, a pan y agua, y pasaba las noches en vela, orando y mortificándose.
Fray León, cada mañana preparaba el fuego en una choza donde el Santo solía comer, y luego iba a su celda, a leerle el Evangelio del día, pues aún no estaba permitido a los hermanos Menores celebrar la Misa de campaña. Después de las lecturas, tomadas de un breviario que ahora se conserva en Asís, en el monasterio de Santa Clara, Francisco besaba la página con respeto, y luego se iba a comer. Pero un día, el fuego prendió en la choza y él, por el gran respeto que sentía por las criaturas, en especial por el "hermano fuego", no quiso ayudar a los hermanos a apagarlo, limitándose a poner a salvo una piel con la que se tapaba por las noches; mas luego confesó al compañero: "He pecado de avaricia. No la usaré más".
Otro día estuvo a punto de despeñarse por el precipicio, mientras buscaba un lugar más recogido para orar en una cavidad formada por enormes bloques de piedra desprendidos y atravesados sobre la hendidura del monte. Una de las piedras cedió y se salvó de puro milagro. según él, era una más de las insidias del diablo.
En cierta ocasión, mientras observaba aquella espantosa grieta, se le reveló que la produjo el mismo terremoto que resquebrajó el Calvario en el momento de la muerte de Jesucristo, y que Dios lo había dispuesto así porque en ese monte debía renovarse su Pasión. Francisco quedó tan impresionado, que se refugió enseguida a su celda, a tratar de descifrar aquel misterio. Desde entonces se hizo más frecuente la intensidad y dulzura de la contemplación.
Visión del Serafín e impresión de las llagas
(13-14 septiembre, 1224). El verano tocaba a su fin. Una noche de luna llena, fray León fue, como siempre, a rezar maitines con Francisco, mas éste no respondió a la contraseña. Entre preocupado y curioso, el hermano cruzó la pasarela y fue a buscarlo. Lo encontró en un claro del bosque, de rodillas, en medio de un gran resplandor, con el rostro levantado, mientras decía: "¿Quién eres tú, mi Señor, y quién soy yo, gusano despreciable e inútil siervo tuyo", y levantaba las manos por tres veces. El ruido de sus pasos sobre la hojarasca delató a fray León, que tuvo que confesar su culpa y explicar al Santo lo que había visto. Entonces éste decidió explicarle lo sucedido: "Yo estaba viendo por un lado el abismo infinito de la sabiduría, bondad y poder de Dios, pero también mi lamentable estado de miseria. Y el Señor, desde aquella luz, me pidió que le ofreciera tres dones. Le dije que sólo tenía el hábito, la cuerda y los calzones, y que aún eso era suyo. Entonces me hizo buscar en el pecho, y encontré tres bolas de oro, y se las ofrecí, comprendiendo enseguida que representaban los votos de obediencia, pobreza y castidad, que el Señor me ha concedido cumplir de modo irreprochable. Y me ha dejado tal sensación, que no dejo de alabarlo y glorificarlo por todos sus dones. Mas tú guárdate de seguir espiándome y cuida de mí, porque el Señor va a obrar en este monte cosas admirables y maravillosas como jamás ha hecho con criatura alguna". Fray León no pudo dormir aquella noche, pensando en lo que había visto y oído.
Uno de aquellos días se apareció un ángel a Francisco y le dijo: "Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti". "Estoy preparado para lo que él quiera", fue su respuesta. La madrugada del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes del amanecer, estaba orando delante de la celda, de cara a Oriente, y pedía al Señor "experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de los posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores"; y también, "que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, puesto que tú te has dignado morir por amor a mi". De repente, vio bajar del cielo un serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado. Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. En realidad no eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado, en cambio, se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones.
Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día. La aparición de Francisco con los brazos en cruz y bendiciendo a los frailes reunidos en Arlés, mientras San Antonio de Lisboa o de Padua predicaba acerca de la inscripción de la cruz (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) debió de ser una confirmación del prodigio, pues los capítulos provinciales, según la Regla, se celebraban en septiembre, en torno a la fiesta de San Miguel (San Antonio estuvo en Provenza del 1224 al 1226). Así parece darlo a entender San Buenaventura, cuando escribe que "más tarde se comprobó la veracidad del hecho, no sólo por los signos evidentes, sino también por el testimonio explícito del Santo".
Cuando fray León acudió aquella mañana a prepararle la comida, Francisco no pudo ocultarle lo sucedido. Desde aquel instante, él será su enfermero, encargado de lavarle cada día las heridas y cambiarle las vendas, para amortiguarle el dolor y las hemorragias; excepto el viernes, ya que el Santo no quería que nadie mitigara sus sufrimientos ese día.
Las cuatro prerrogativas de la Orden
(septiembre, 1224). Francisco aún permaneció dos semanas en aquella celda, hasta concluir la cuaresma, el 29 de septiembre. Uno de aquellos días, sintiéndose triste por el mal ejemplo de algunos hermanos de la Orden, y de otros que abandonaban su vocación, el Señor lo consoló con estas palabras: "¿Por qué te entristeces? ¿No soy yo quien hace que el hombre se convierta y haga penitencia en tu Orden? ¿quién le da fuerzas para perseverar, sino yo? Yo no te he escogido por que seas sabio, ni elocuente, sino por tu sencillez, para que todos sepan que soy yo quien cuida de mi rebaño. Yo te he puesto entre ellos como un signo, para que vean lo que hago en ti, y te imiten. Los que me siguen me tendrán a mí; los que no, perderán lo que creían tener. Por eso, no te aflijas; haz bien lo que haces, trabaja bien lo que trabajas, pues yo he plantado tu Orden en el amor perpetuo. La amo tanto, que si alguno la abandona y muere fuera de ella, yo llamaré a otro, para que ocupe su lugar. Y si aún no ha nacido, yo haré que nazca. Tanto la amo que, aunque sólo quedasen dos o tres hermanos, no la abandonaré jamás".
Después de esta revelación, cuando el compañero fue a prepararle la mesa a Francisco, lo encontró sentado delante de la piedra grande y cuadrada que le servía de mesa, y éste le ordenó lavarla, primero con agua, luego con vino y, finalmente, con aceite, porque, según le dijo, "sobre esta piedra ha estado sentado un ángel. Estaba yo pensando en la suerte que correría mi Orden cuando yo no exista, y el ángel me aseguró estas cuatro cosas: que la Orden de los Menores durará hasta el fin del mundo; que ningún hermano de mala voluntad perseverará muco tiempo en ella; que no vivirá mucho quien la persiga de propósito; y que ningún hermano que la ame acabará mal".
Alabanzas al Dios Altísimo y Bendición a fray León
(septiembre 1224). Durante su estancia en La Verna, fray León atravesó un momento de crisis espiritual y pensó que una palabra del Señor acompañada por una breve nota manuscrita del santo le aliviaría, como ya ocurrió unos meses antes, cuando recibió de él una cariñosa carta autógrafa. Él no le dijo nada a San Francisco, pero éste lo llamó un día y le dijo: "Tráeme papel y tinta, que quiero escribir unas alabanzas que he compuesto para dar gracias a Dios por los beneficios recibidos". Y escribió las Alabanzas del Dios Altísimo (ver el texto en la columna izquierda). Luego, por la otra casa escribió la bendición sacerdotal que se encuentra en la Biblia (Num 6, 24-26) y debajo trazó el signo de la Tau, con que solía firmar sus escritos, y se lo entregó diciéndole: "Consérvalo cuidadosamente, hasta el día de tu muerte". Fray León recuperó la paz y desde entonces conservó la nota en una bolsita que llevaba colgada al cuello, debajo del hábito. Ahora forma parte parte de las reliquias del Sacro Convento de Asís, donde fray León murió y está sepultado, a dos pasos de la tumba de San Francisco.